El Gorgas, nuestro Instituto Nacional de Salud Pública

87 ANIVERSARIO DEL GORGAS

Nuestro ‘Instituto Nacional de Salud Pública’

Entre las instituciones que sirven al país, el Instituto Conmemorativo Gorgas siempre ha ocupado un lugar especial entre los panameños. Desde sus orígenes, ha sido el lugar donde hemos acudido a consultar y resolver nuestras grandes crisis de salud pública.

El Gorgas nació, en agosto de 1928, impulsado por el deseo del Dr. Belisario Porras de reconocer e inmortalizar las inmensas contribuciones hechas al campo de la salud pública por el Dr. William C. Gorgas y su equipo. Aunque en las primeras dos décadas después de su apertura, los panameños no participamos como investigadores, el país sí pudo beneficiarse  de los conocimientos que emanaron de sus múltiples investigaciones,  que  nos permitieron entender mejor las enfermedades que nos habían afectado por cientos de años, como la malaria, la fiebre amarilla, las diarreas infecciosas y otras propias  de los trópicos.

En 1974, el entomólogo panameño Pedro Galindo asumió  la dirección del Gorgas y, con esto, el valor de la contribución de los investigadores panameños fue reconocida como un hecho.  Al pasar el Gorgas a manos panameñas, la institución continuó su misión en medio de una inmensa escasez de recursos, pero la dedicación y el compromiso con la salud pública de su gente no lo dejó morir y, poco a poco, lo levantó y le devolvió su capacidad como referente nacional.

Si miramos los grandes problemas de salud pública que hemos enfrentado, como el brote de cólera, el hanta, el aumento de casos de malaria en el 2004, el envenenamiento masivo por dietilene glycol, la epidemia de influenza porcina y la defensa contra la potencial entrada al país del virus del ébola, para mencionar algunos, el Gorgas ha jugado un papel fundamental y en los momentos de angustia ha sido un pilar de credibilidad para los panameños.

Pero la mayoría de sus funciones, rara vez, son noticia de primera página y son, probablemente, desconocidas por muchos.  El trabajo a diario con enfermedades desatendidas asociadas a la pobreza, como la leishmaniasis y el chagas,  su responsabilidad como laboratorio de referencia de VIH, de dengue, de hanta y de enfermedades virales de todo tipo, su histórica fortaleza en entomología y el soporte invaluable que ha dado al Ministerio de Salud el Laboratorio Central de Salud Pública y el Laboratorio de Alimentos, son infrecuentemente reconocidos y pobremente valorados al momento de recibir la institución su asignación presupuestaria.

Hoy esta gran institución atraviesa una vez más un momento muy difícil en su larga y distinguida historia, debido a que no recibe los aportes financieros necesarios para llevar a cabo su vital contribución a la nación.  El edificio de administración, diseñado en 1926 para alojar a nuestra primera escuela de medicina, fue la contribución panameña que hizo al Gorgas posible y el edificio de laboratorios, construido hace más de 52 años, no pueden resistir más la creciente demanda de trabajo que generan las enfermedades transmisibles ya mencionadas.  Pero ahora se añade una nueva responsabilidad, y esta es la investigación de enfermedades no transmisibles como el cáncer, la hipertensión arterial, la diabetes, las enfermedades del sistema circulatorio, la obesidad, las enfermedades mentales y el impacto en la salud humana del medio ambiente, y los nocivos cambios de comportamiento que han ocurrido en nuestra sociedad.

Sufrimos de grandes inequidades, agobiantes problemas urbanos e inmensos retos asociados a cambios del clima como lo es la escasez de agua potable. Todos estos problemas compiten por un pedazo del presupuesto nacional.  Pero no podremos enfrentar estos retos y, a la  misma vez, dejar que se debilite cada día más este bastión que por   87 años nos ha defendido de tantos enemigos y que, de facto, es nuestro Instituto Nacional de Salud Pública.  Reconozcamos su valor no con palabras, sino con hechos, como lo hizo en un momento nuestro gran estadista y visionario el Dr. Belisario Porras, dándole el pequeño apoyo que necesita para que pueda continuar su indispensable contribución a la salud pública y al desarrollo nacional.

 

Jorge A. Motta

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