Siglo Veintiuno

Jorge A. Motta, MD, MPH
MACP

El mundo del siglo XXI se distancia a gran velocidad del mundo del siglo XX debido a la rapidez de los cambios que han ocurrido y continuaran ocurriendo en las características físicas de nuestro planeta, en sus recursos naturales y biodiversidad, en el aumento de nuestros conocimientos y tecnologías, en el crecimiento de las economías de países como China e India y en el incremento del riesgo de sufrir catástrofes debido a pandemias, guerras o terrorismo.

Con el comienzo de la Revolución Industrial hace 250 años el planeta y las sociedades humanas empezaron a experimentar transformaciones de una forma acelerada lo que nos ha conducido a extremos: extremos de riqueza y pobreza, extremos en alteraciones de nuestro medio ambiente, extremos en posibilidades de avances en ciencia y tecnología, extremos ideológicos y extremos de los efectos de conflictos armados debido al aumento y dispersión de armas capaces de producir devastaciones masivas.

La situación hacia donde nos llevan estos extremos que ya empiezan a afectar nuestras vidas, es similar a lo que se percibe cuando un bote entra en un cauce estrecho y turbulento de un río. Todos estamos en este bote que apenas acaba de entrar en el área de rápidos. El control y dirección que le demos a este bote en el siglo XXI definirá si la humanidad escala a niveles de bienestar jamás antes pensados o cae en un torbellino que la hará retroceder cientos o miles de años. Para cruzar estas aguas turbulentas y llegar a aguas tranquilas tendremos que resolver, en este siglo, grandes retos.

Resolver estos retos va a requerir enfrentarse a debilidades y vicios humanos bien conocidos, como lo son la ignorancia, la corrupción, los intereses creados, la burocracia y la falta de visión a largo plazo de muchos políticos y empresarios. Es por eso que no podemos permanecer como una observadores pasivos sino que tendremos que tomar parte en el análisis y las propuestas de cómo solucionar estos retos.

El primer gran reto a enfrentar es el cambio de las características físicas de nuestro planeta.

El incremento de la temperatura promedio de la atmósfera y de los océanos es definitivo y su efecto en diferentes ecosistemas se empieza a sentir. De 1995 al 2006 se documentaron los 11 años mas calientes desde 1885, año cuando se empezó a medir sistemáticamente la temperatura de la superficie del planeta.

La producción de gases llamados de invernadero ha aumentado en un 70% desde 1970 y en el mismo periodo el gas antropogénico más importante, el CO2, a aumentado en un 80% algo nunca antes visto en tan corto tiempo. Las concentraciones promedio en atmósfera de CO2 (937 ppm) y de CH4 (1774 ppm) medidas en 2005, son las mas altas en los últimos 650,000 años al compararse con determinaciones hechas en muestras de hielo obtenidas en glaciales.

En muy pocos años hemos cambiado de un estado de ignorancia sobre estos cambios, a tener una vasta cantidad de información sobre ellos y poseer modelos predictivos de lo que podría ocurrir si estos continúan desarrollándose en la misma dirección y con la misma velocidad.

Pero el futuro probablemente ya esta aquí. La mayoría de la comunidad científica acepta como verdadera la relación causa-efecto entre el aumento en la atmósfera de los gases mencionados y el calentamiento del planeta. También es probable que debido a los efectos producidos por los gases de invernadero, hayan empezado a ocurrir cambios extremos en el clima y fenómenos metereológicos catastróficos en algunas regiones del mundo.

Pero aún con toda esta evidencia, continuamos la expansión de la producción de energía basada en combustible derivado de fósiles debido a que dependemos en un 90% del petróleo, del gas y del carbón para hacer funcionar nuestros transportes, producir nuestra comida y sintetizar nuestros productos farmacéuticos.

En el plano internacional vemos como un triunfo de esfuerzos colectivos la aparente normalización de la capa de ozono y la reducción de gases de invernadero en algunos países y como una esperanza el cambio de actitud de los Estados Unidos al acceder a participar con otras naciones en el desarrollo de programas que pondrán limites a la producción de gases de invernadero. Aunque el resultado de este programa está por aprobarse, el acceder los Estados Unidos a participar en el desarrollo de este plan podría ser el primero de los pasos que necesitamos tomar para disminuir el calentamiento global y prevenir sus terribles consecuencias.

Para reducir las emisiones de gases derivados del carbón no solo vamos a necesitar cambios de política estatal, sino también nuestros patrones de consumo tendrán que cambiar. Tendremos que reciclar la mayoría de las cosas que consumimos. Nuestras fuentes de energía tendrán que ser renovables y no podrán contaminar el medio ambiente.

Durante este siglo tendremos que aprender a vivir sin destruir los controles de temperatura de la nave que nos transporta por el universo. Es un problema global que nos afecta a todos. Ya no hay lugar a donde correr a escondernos y evadir esta responsabilidad. Tendremos que enfrentar este reto creando una nueva visión de lo que consideramos prosperidad o de otra manera grandes alteraciones del clima nos obligarán a hacerlo.

El segundo reto es como salvar nuestra biosfera.

El aire, el agua, la tierra, la flora y fauna, que han sido las provisiones que la humanidad ha utilizado para subsistir, se degradan rápidamente.

Signar Gabriel, ministro del medio ambiente de Alemania, estima que la actual tasa de extinción de especies del planeta es mil veces más rápida que la tasa de extinción promedio de especies que ha ocurrido desde la última gran extinción de especies del período Cretaceo hace 65 millones de años.

Nadie puede negar que hemos convertido los bosques del norte de África en desiertos, que hemos llevado a la extinción a casi todas las especies del Mar Negro, que hemos colapsado 1/3 de las reservas de peces que obteníamos de los campos de pesca del Atlántico norte y convertido en verdaderos infiernos lugares como Dzerzhinsk Rusia, Linfen China, o La Oroya en Perú.

La historia de lo que ha ocurrido con el Mar Negro ilustra claramente lo que somos capaces de hacer con nuestra biosfera.

Desde los tiempos de la Grecia Antigua, el Mar Negro era conocido como un lugar de abundancia de peces y sus costas como lugar preferido de los nobles de la Rusia Imperial para sus vacaciones. El Mar Negro se nutre principalmente de las aguas del Danubio que en algún tiempo fue visto como azul por Johann Strauss.

Este gran río, que cruza varios países del este de Europa, empezó a recibir grandes cantidades de desperdicios humanos, residuos de pesticidas y materiales tóxicos de origen industrial. El golpe final lo propició el tristemente recordado tirano de Rumania Nicolás Ceausescu al destruir el delta del Danubio que actuaba como un filtro antes de que este entrara al Mar Negro. El resultado fue la inducción de un crecimiento explosivo de algas y zooplancton que redujo marcadamente los niveles de oxígeno de sus aguas matando así la mayoría de los peces que por siglos allí habían vivido. El Mar Negro se convirtió en una sopa verde de mal olor que llego a afectar la vida cotidiana de bellos lugares como Odessa y Yalta.

Pero aquí no acaba esta trágica historia, ya que en casi cualquier medio ambiente hostil puede surgir una especie resistente. En el caso del Mar Negro fue su invasión por la aguamala Mnemiopsis leidyi la cual terminó de exterminar a casi todos los otros organismos que habían sobrevivido la reducción de oxígeno en sus aguas. El crecimiento de esta especie invasora fue tal que 1990 se estimó que el peso de todas las aguamalas en el Mar Negro era más de mil millones de toneladas, cifra que sobrepaso el peso de toda la captura de peces ese año en el mundo.

El otro cambio importante que ha ocurrido en nuestra biosfera es la disminución del acceso al agua.

Aunque la cantidad absoluta de agua en el planeta no ha cambiado, su distribución si ha cambiado. De acuerdo a las Naciones Unidas 50 litros de agua es la cuota mínima necesaria para satisfacer las necesidades de hidratación, alimentación, limpieza y sanitarias de una persona. Actualmente mas de mil millones de personas no tienen acceso a esta cantidad agua.

La relación entre agua y el bienestar humano se hace evidente al darnos cuenta que el promedio anual de consumo de cereales en el mundo es 1/3 de tonelada por persona, que requerimos de 1,000 toneladas de agua para producir una tonelada de cereales y que se requiere en promedio una tonelada de cereal para producir 18 libras de carne.

En el centro de África y en el oeste de China, sequías han causado disminución de la producción de alimentos y de agua potable para el consumo humano. El reto entonces se torna aun más complejo al faltarnos no solo cantidad sino calidad de agua. Falta de agua potable es la principal causa de enfermedades entéricas las cuales son responsables de la muerte de millones de personas cada año y discapacidad de muchos millones más.

Todo esto ocurre en un planeta donde hay aproximadamente 6 mil millones de personas, donde se estima que esta cifra aumenta por más de 50 millones cada año y que continuara así por los próximos 50 años, donde el cambio en la forma de consumo en países como la China y la India hacia la manera de consumo occidental, multiplica cada año la demanda de alimentos que necesitan agua para su producción.

Cambios en la distribución y acceso al agua en el mundo producirán en algunos lugares pobreza hidrológica la cual traerá hambre y enfermedad, en otros lugares, como los países dependientes del Nilo, incrementara la posibilidad de conflicto al aumentar el consumo de agua en Sudan y Etiopía y reducirse el líquido vital del cual ha dependido Egipto por miles de años.

Para el resto del mundo, probablemente habrá aumentos en los costos del arroz, maíz, trigo, sorgo y de los alimentos derivados de estos como leche y carne al disminuir las reservas de agua en China e India y al aumentar sus compras de alimentos en el mercado internacional.

Conectado a la falta de agua encontramos el próximo reto que es como eliminar la pobreza extrema.

Se ha dicho que este es el reto moral del siglo XXI. Mientras unas naciones se vuelven inmensamente ricas otras se convierten en naciones disfuncionales que se hunden en extrema pobreza. ¿Cómo es posible que en ciertas naciones de Europa se conceda a las vacas un subsidio diario de 2 dólares y más de dos mil millones de personas o el 40% de la población del mundo vivan con menos de 2 dólares diarios? Mas cercano a nosotros, nos preguntamos como es posible que en las montañas de Chiriqui una niña panameña coma quizás una vez al día y ese mismo día otra niña compre una cartera de 2000 dólares en un centro comercial de la ciudad.

La pobreza en Panamá afecta a mas de un millón de personas y más de la mitad de estas personas viven en pobreza extrema definida como un consumo de alimentos y bienes básicos de menos de 3 dólares al día. La mayoría de los pobres de Panamá viven en áreas rurales y los más afectados son niños. Se estima que el 52% de los niños panameños menores de 5 años viven en pobreza y 25% de estos tiene evidencia de desnutrición crónica.

Si escuchamos lo que nos dicen algunos economistas, las perspectivas de aumento de riqueza en el mundo aparentan ser buenas. Basándose en el comportamiento histórico de las economías de los países ricos, los expertos predicen aumentos de productividad del 2.5% anual, lo que sí es sostenido por 100 años, veríamos al final de este siglo un mundo 12 veces más rico en términos reales. El problema es la distribución.

Pero este crecimiento de riqueza no se basará solo en cosas materiales. El verdadero aumento de riqueza se basará en poseer nuevos conocimientos y tener la capacidad de usarlos. Las sociedades basadas en conocimiento, donde residan las mejores universidades y centros de investigación, serán las más ricas y prosperas, y aquellas que no estén dispuestas a invertir en crear una sociedad basada en conocimiento quedarán rezagadas y condenadas a la pobreza.

Yo he aprendido en la práctica de la medicina la diferencia entre lo que es deseable y lo que es posible. Si la pobreza extrema para algunos no representa un reto moral, entonces si deben de verla como el comienzo de la desesperanza que lleva al odio de clases y la violencia. Al mezclar pobreza con diferencias de razas y religión, generamos mezclas explosivas como las que hemos visto en Irlanda, Yugoslavia, Ruanda y ahora en Sudán.

Hoy vemos como esta mezcla de pobreza, diferencias étnicas y fanatismo religioso aumenta en el mundo, predicando intolerancia, violencia y en sus variantes extremas el suicidio como un acto de fe.

El último reto en mi lista, pero no el último de los muchos retos que tendremos que enfrentar, es algo que algunos han llamado trans-humanismo.

Podemos definir trans-humanismo como el intento de mejorar y sobrepasar nuestras limitaciones biológicas y ajustar nuestras culturas y sociedades a esta nueva realidad.

Se ha estimado que la generación de nuevos conocimientos y tecnologías aumenta a la tasa descrita en la llamada ley de Moore y nuestra capacidad de aplicar estos nuevos conocimientos se duplica cada año. Si esto fuese cierto y continuase así por los próximos 100 años, la expansión de la capacidad del ser humano de utilizar nuevos conocimientos aumentaría a razón de 2 a la potencia de 100, un número difícil de imaginar.

Actualmente contamos con herramientas, medicamentos, productos biológicos, prótesis y aparatos electrónicos que empiezan a resolver algunas de nuestras limitaciones biológicas. Pronto contaremos, con la capacidad de alterar nuestros procesos biológicos por medio de nanotecnología y probablemente en los próximos 50 años tendremos la posibilidad de controlar los procesos de evolución por medio de la manipulación de nuestros genes.

Desde el comienzo de la vida de los organismos unicelulares hace más 4 mil millones de años, los procesos de evolución han seguido un ritmo lento y aleatorio que ha producido la biodiversidad del planeta. El entregar el control de los procesos de evolución a manos humanas representa para mí el cambio más grande que ha de enfrentar la humanidad en este siglo y sus logros y consecuencias serán enormes.

Modificaciones genéticas ya son una realidad en agricultura, y muchos creen en el beneficio de semillas genéticamente modificadas que producen plantas resistentes a insectos. Otros se oponen, argumentando que existe el peligro de producir quimeras malignas por medio de la recombinación de estos nuevos genes con genes nativos creándose así plagas devastadoras. ¿A donde nos llevará este nuevo poder?

Como en una pintura impresionista, hoy solo puedo describirles luces y sombras pero no el detalle hacia donde evolucionará el mundo. Las oportunidades, peligros y cambios serán inmensos y globales.

Hemos dicho que ya no tenemos donde correr a escondernos y por eso todos tendremos que participar. Todos tendremos que pensar como cambiamos las fuentes de energía basadas en carbón a energía basada en hidrógeno, viento, agua o sol, como atenuamos el impacto de la reducción del agua y mejoramos su distribución, como aumentamos y variamos la producción y uso de alimentos, como acabamos con la intolerancia religiosa y su uso para fines políticos, como desarrollamos una sociedad afluente sin destruir la ecología, y lo más importante desde el punto de vista moral, como acabamos con la pobreza extrema.

A pesar de todas estas preocupaciones y retos, siento que no ha habido mejor momento para vivir en la historia de la humanidad que el Siglo XXI. Ni los siglos de oro del mundo Oriental, ni el cenit de la Grecia clásica, ni el apogeo del Renacimiento Florentino se podrán comparar a este extraordinario siglo donde el conocimiento será el factor determinante para resolver los retos que enfrenta la humanidad y que la elevara a niveles de prosperidad que hoy no podemos imaginar.

Discurso anual de la Academia de Medicina y Cirugía.
18 de enero 2008

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