Medicina y el Canal de Panama


MEDICINA Y EL CANAL DE PANAMÁ

Jorge A. Motta, MD.

El esfuerzo de los Estados Unidos de Norte América por preservar la salud de los trabajadores del canal también influyó profundamente en la evolución de la medicina de nuestra nación. El permiso de entrada a los Norteamericanos al sistema de salud de nuestra nación se concedió en el acápite VII del Tratado Hay-Buneau Varilla, al ceder Panamá a los Estados Unidos de Norte América el control sanitario no solo en una franja de 5 millas a ambos lados del canal sino también el control sanitario de las ciudades de Panamá y Colón.

SALUD EN LA CIUDAD DE PANAMA Y EN EL ÁREA DEL CANAL A FINES DEL SIGLO XIX

Al evaluar la historia los logros alcanzados en el campo de salud por los Estados Unidos de Norte América en los primeros 100 años de vida de nuestra nación podemos dividirlo en tres áreas: el saneamiento del área del canal y las ciudades de Panamá y Colón, la actividad hospitalaria y el trabajo de investigación científica.
Antes de comenzar este repaso de grandes luchas y magníficos triunfos es necesario primero recordar cual era el estado de la salud en la ciudad de Panamá desde el comienzo de la construcción del canal Francés hasta el momento de nuestra independencia de Colombia y hacer un corto resumen del nivel de conocimientos sobre enfermedades infecciosas en la última mitad del siglo XIX.

La insalubridad en el Istmo de Panamá en la última mitad del siglo XIX era bien conocida y fue descrita de manera no halagadora por múltiples observadores de la época. Un clima tropical caracterizado por extrema humedad, lluvia, calor y alta densidad de insectos, añadido a la falta total de acueductos, desagües y cloacas, producían un medio ambiente inmundo y perfecto para el desarrollo enfermedades. (1)

Las ciudades de Panamá y Colón estaban llenas de riesgos para la vida de sus habitantes y de los viajeros que cruzaban el Istmo. El agua para consumo humano se obtenía de la lluvia, de riachuelos y se guardaba en tinajas o en barriles destapados. Era costumbre botar los desperdicios orgánicos en los pantanos aledaños a los pueblos, en las playas o en la parte posterior de las casas. Todo esto favorecía la multiplicación de los mosquitos transmisores del paludismo y de la fiebre amarilla y el riesgo de sufrir de infecciones entéricas como el cólera y la fiebre tifoidea.

Las consecuencias de este estado de insalubridad se reflejan en el libro del Dr. Wilfred Nelson, canadiense que practicó medicina al fin del siglo XIX en la ciudad de Panamá. (2) Dr. Nelson relata lo que un médico panameño le advirtió al llegar el a Panamá sobre la fiebre amarilla: “Durante la estación de lluvia, que dura desde el 15 de abril al 15 de diciembre, la gente muere de fiebre amarilla en cuatro o cinco días”. En realidad, la fiebre amarilla mataba de una manera despiadada en una o dos semanas y los afortunados que sobrevivian la infeccion del Aedes, se convertian en inmunes para siempre. Esta resistencia la desarrollaban desde muy jóvenes algunos nativos de estas tierras.

El impacto del muy temido “Yellow Jack” en los habitantes de la ciudad de Panama lo documentó con grán precision el Dr. William Gorgas en un reporte sobre mortalidad en la ciudad y en los trabajadores del Canal Frances entre 1881 y 1904. (3)

Si comparamos el numero de muertos por fiebre amarilla en 1901 en la Habana y la Ciudad de Panama, nos damos cuenta de lo serio que era este problema en nuestro país. En la ciudad de Panama, con apenas 25,000 habitantes, se registraron ese año 87 muertes por fiebre amarilla mientras que en la Havana con casi 250,000 habitantes se registraron 103. (3,4)

Pero la fiebre amarilla no fue la unica enfermedad que doblego a los Franceses Las enfermedades que doblegaron a los Franceses y mató a muchos panameñosl. Aunque la fiebre amarilla era la mas temida, la malaria produjo mas incapacidad crónica y muerte. Las infecciones entericas, la tuberculosis y la viruela tambien contribuyero a las altas tasas de mortalidad. Entre 1885 y 1886, estas enfermedades mataron a casi uno de cada 15 habitantes de la ciudad de Panama. Este período correspondió con el maximo numero de trabajadores empleados en el Canal Frances y de la máxima mortalidad en entre estos trabajadores. (Fig1) Estas estadisticas aunque aterradoras, pudieran ser conservadoras ya que muchas muertes ocurrieron fuera de hospitales y algunas de estas nunca se registraron.

La estrecha relación entre las enfermedades que afectaban a los trabajadores del Canal Frances y las enfermedades de los residentes de la Ciudad de Panama se mantuvo al fracasar el proyecto Frances y reducirse el numero de trabajadores extranjeros. Al ocurrir esta reducción del numero de trabajadores también se redujo numero de muertes en la ciudad de Panama en mas de un 50%. Esta reduccion en la mortalidad se mantuvo hasta el año 1902 cuando aumentó abruptamente a casi los niveles de 1985-1986. Este aumento de mortalidad, al comienzo del siglo XX, coincidió con la Guerra de los 1000 dias y probablemente está asociado a los severos problemas sociales y económicos que producen las guerras. (Fig 2)

¿QUE AVANCES MEDICOS TRAJERON LOS NORTEAMERICANOS A PANAMA?

Podríamos comparar los cambios de conocimientos de las ciencias médicas en la segunda mitad del siglo XIX con los avances de conocimientos médicos que hemos visto en la pasada década debido los descubrimientos y aplicaciones de la biología molecular. En la segunda mitad del siglo XIX nacieron la bacteriología y la entomología médica. Los conocimientos derivados de estas permitió el desarrollo de la epidemiología de enfermedades infecciosas y su aplicación en el manejo de problemas de salud pública. Estas herramientas científicas, no utilizadas por los Franceses en Panama, fueron la clave del triunfo de los Norteamericanos

Los descubrimientos de Pasteur y Koch que microorganismos y no miasma producían enfermedades, dio a luz a la bacteriología. Los hallazgos de Mason, Kilbourne, Smith y Ross, que insectos podían transmitir enfermedades, hicieron lo mismo para la entomología médica. La hipotesis de Finlay que el Aedes Aegypti transmitía la fiebre amarilla y su confirmación experimental por la Comisión de la Fiebre Amarilla es considerada uno de los grandes triunfos epidemiológicos de todos los tiempos.

Al comienzos del siglo XX, estos conocimientos le dieron el friunfo al Dr. William Gorgas en Panama. Solo veinticinco años antes, su contraparte Frances, el Dr. Compagno probablemente no los los menciono en su extenso plan de salud para el Canal Francés ().

SANIDAD DEL ÁREA DEL CANAL Y DE LAS CIUDADES DE PANAMÁ Y COLÓN.

La de condiciones ambientales favorables para la salud fue, sin duda alguna, la base sobre donde se construyó el programa de la medicina norteamericana en Panamá. Los médicos militares encargados de la salud de los trabajadores del canal sabían que sin buenas condiciones ambientales nunca se podría reducir la terrible mortalidad generada por las enfermedades infeciosas.

Los médicos militares sabían mejor que nadie sabían lo que las epidemias podian hacer. Durante las campañas militares del siglo XIX, como la guerra de Crimea y la recién terminada guerra Hispano-Norteamericana, las muertes por enfermedades infecciosas excedíeron el número de muertes por combate.

Con el traspaso de los bienes de franceses a manos norteamericanas el 4 de mayo de 1904 y la promulgación del decreto no. 25 del 7 de julio de 1904, firmado por el Dr. Amador Guerrero, Panamá autorizaró a las autoridades sanitarias norteamericanas a “tomar las medidas convenientes para el saneamiento de la ciudad de Panamá, Colón y el área del canal”. Panamá concedío a Estados Unidos poderes quasi-dictatoriales sobre el control sanitario del área canalera, llegando al extremo de convertir a los alcaldes de Panamá y Colón en agentes de los Estados Unidos, dedicados a hacer cumplir las órdenes del Jefe del Departamento de Sanidad del Canal.

El plan y el equipo humano que había triunfado en Cuba se transladó a Panamá. A bordo del Allianca llegaron a Colón el 28 de junio de 1904 el Dr. William Crawford Gorgas, el Dr. Henry Rose Carter quien se convertiría en uno de los más renombrados expertos en el problema de la fiebre amarilla, el Dr. John Ross colega de Gorgas en la Habana, Joseph Le Prince experto en sanidad y futuro encargado de la sanidad en Panamá, el Major Louis Lagarde y la Enfermera Jefe Marie Euginie Hibbard.

El primer problema que el Dr. Gorgas atacó, no solo por su importancia médica sino por el terror que infundía entre los empleados, fue la fiebre amarilla. Basándose en el plan seguido en la Habana el ataque se concentró en destruir al mosquito transmisor el Aedes Aegypti. Para esto, se instituyeron distritos sanitarios, se procedió a eliminar reservorios de agua que pudieran sostener la reproducción de mosquitos, a construir drenajes de pantanos y a fumigar una y otra vez, todas las casas del área del Canal y de las ciudades de Panamá y Colón.

En un año se utilizó en Panamá 120 toneladas de insecticida de piretro, lo que correspondía a todo el polvo de insecticida que se podía obtener en el mercado de Estados Unidos de Norteamérica. Tambien Se llegó a utilizar en un año casi 600,000 galones de aceite para matar las larvas de Aedes.

El Dr. Alonso Preciado, primer Superintendente panameño del Hospital Santo Tomás, describió las directrices de la sanidad norteamericana: “se declaró obligatoria la vacunación y se aisló a los leprosos en la colonia especial de Palo Seco. Se reglamentaron los servicios de recolección de basuras, el servicio de mataderos y el de mercados públicos. Se decretó la inspección de lecherías, panaderías, barberías, caballerizas y se hizo examinar diariamente las carnes de consumo, la de otros artículos alimenticios, las de las bebidas alcohólicas y se indicó como se deben inhumarse y exhumarse los cadáveres”. De igual manera, el Dr. Henry Rose Carter opinó que las leyes de sanidad colombianas vigentes en el Istmo eran muy buenas leyes pero inoperantes ya que no se cumplian.

El Ingeniero Jefe John F. Wallace hizo realidad el proyecto de acueducto soñado por los ingenieros panameños Pedro J. Sosa y Ricardo Arango y como parte de estas obras se incluyeron la construcción de los desagües sanitarios y pluviales y la pavimentación de las ciudades de Panama y Colón. Los panameños amortizaron en casi su totalidad el costo de estas obras con el pago de la cuota para el uso del agua lo que duro hasta 1947 cuando la última parte de la deuda fué condonada.

Podemos resumir el impacto de los cambios en las condiciones sanitarias examinando las rápidas reducciones en la mortalidad total. Las reducciones en mortalidad en las ciudades de Panama y Colón. La mortalidad en la ciudad de Panamá disminuyó de 65/1000 en 1905 a menos de 18/1000 en la década de 1923-1930. Igualmente la mortalidad en la ciudad de Colón disminuyó de 51/1000 en 1906 a menos de 15/1000 en la década de 1923-1930. En el área de la zona del Canal la mortalidad disminuyó de 49/1000 a 9/1000. Esta ultima cifra era igual o menor que la tasas de mortalidad de la mayorías de la ciudades norteamericanas de esos tiempos.

Las dos enfermedades más temidas y causantes de una gran mortalidad cedieron a las medidas sanitarias. La fiebre amarilla de origen urbano desapareció rápidamente y el último caso de este tormento ocurrió en la ciudad de Colón en mayo de 1906, como vemos en esta carta del Dr. Gorgas enviada al Cirujano General.

Los resultados de las campañas contra otras enfermedades se vieron pero no tan rápidamente como la conquista de la fiebre amarilla. De una increíble tasa de admisión de 821/1000 empleados por año en 1906 esta se redujo a 13/1000 por año en los años de 1926 a 1928.

En los primeros 9 años la mortalidad de los pacientes con malaria se redujo de 2/1000 por año. La mortalidad en los primeros 9 años de los franceses habia alcanzado un promedio 15/1000 por año. Entre los años de 1921 a 1930 ocurrieron solo 3 muertes por malaria en una fuerza laboral promedio de 13,000 personas.

Las enfermedades entéricas que eran tan prevalentes disminuyeron drásticamente con la introducción de agua potable y el manejo de aguas negras. En los 9 años de la presencia francesa la mortalidad por disenterías fue en promedio de 4.5/1000 por año mientras que en los primeros 9 años de los Norteamericanos la tasa disminuyo a un promedio 0.6/1000 por año. 0.67/1000. De manera similar, la mortalidad por tifoidea en los primeros 9 años de los franceses fue de un promedio de 2/1000 por año y esta disminuyó en los primeros 9 años de los norteamericanos a un promedio de 0.6/1000 por año. En 1916, la mortalidad por disenteria era 0.06/1000 y la de tifoidea 0.09/1000.

La pulmonía fue especialmente feroz en los primeros años de la obra entre los empleados de origen Africano. Debido al hacinamiento a que eran sometidos en sus viviendas, la mortalidad por pulmonía alcanzó una tasa entre los negros de 16/1000 por año en 1906 y descendió a 2.6/1000 por año para 1908, simplemente al ordenar Gorgas que salieran de las barracas donde estaban apiñados y cada uno se construyera su casa, aún que fuera una choza.

También, la prevención de epidemias que se esperaban y no llegaron a ocurrir como la peste bubónica se debe de considerar otro gran triunfo. Solo dos casos de esta ya temida plaga se documentaron en Panamá mientras epidemias ocurrían en Guayaquil, Esmeralda, El Cayao y La Guaira. Para vigilar la presencia de esta enfermedad, se capturaban miles de ratas cada año y se hacían entre 6000 a 12,000 autopsias en estos animales hasta 1929.
La campaña de prevención de enfermedades venéreas también fue vigorosa, ejemplo de esto lo podemos ver en los anuncios dirigidos a marinos en tránsito.

En 1930, la epidemiología de las enfermedades en la zona del Canal, en Panamá y Colón había cambiado. Ahora las enfermedades más frecuentes eran tuberculosis, pulmonía, diarrea, sífilis, cáncer, nefritis, apoplejía y enfermedades del corazón.

LOS HOSPITALES

Los norteamericanos encontraron en el Istmo hospitales construidos por la como parte de los trabajos del canal francés que en su tiempo fueron descritas en el Star & Herald como excelentes. El Dr. Gorgas elogió al L´Hospital Central como “ una institución mucho mejor que cualquier hospital que yo conozco en América, administrado por una firma o institución de ese período.”

El hospital en Ancón tenía originalmente una capacidad de 500 camas y se reporta que costó $3,500,000 a los franceses construirlo. Al quebrar la Compañía Universal del canal francés el Hospital de Ancón decayó pero se mantuvo gracias a la administración de la Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Al tomar posesión los norteamericanos, estos emprendieron una serie de cambios esenciales en las estructuras y prácticas previas.

Se ordenó poner mallas contra mosquitos, eliminar las vasijas con agua en los postes de las camas y recortar los jardines y montes aledaños a las estructuras. El 24 de julio de 1904, el Hospital en Ancón recibió su primer paciente, un trabajador jamaicano Charles Williams. Para el 30 de octubre habían admitido 477 casos y el número de camas siguió creciendo con el tiempo hasta llegar a tener 1200 pacientes durante la Segunda Guerra Mundial.

En 1915 las viejas estructuras francesas cedieron paso al nuevo Hospital de Ancón y a las secciones A y B. El 24 de marzo de 1928, por mandato del Congreso de los Estados Unidos de Norteamérica, se le dio el nombre de Gorgas en memoria al líder que hizo posible los cambios en la salud en el área del canal y probablemente su construcción.

El Hospital Gorgas incrementó sus edificios y continuó funcionando hasta el 31 de octubre de 1997.

En el lado Atlántico los norteamericanos rehabilitaron el Hospital de Colón y empezaron a recibir pacientes en septiembre de 1904. Este hospital con una capacidad de 140 camas, prestó servicios hasta la década del 50, cuando los cuidados hospitalarios en área de Colón se trasladaron al Hospital Naval de Coco Solo.

Los otros dos hospitales de interés histórico regentados por los norteamericanos fueron el Hospital para Leprosos de Palo Seco y el Hospital para enfermos mentales de Corozal. Al llegar Gorgas a Panamá, no existían facilidades para el tratamiento de esto pacientes. Muchos enfermos mentales eran recluidos en las cárceles y los leprosos tenían que huir a comunidades alejadas.

Todos los pacientes con enfermedades mentales, extranjeros y panameños, se les atendió primero en el Hospital de Ancón y en 1915 se les trasladó a un nuevo hospital psiquiátrico de Corozal con capacidad de 600 pacientes de los cuales 2/3 eran panameños. Panamá acordó pagar a las autoridades norteamericanas $ 0.75 al día por cada paciente panameño recluido. Este arreglo se mantuvo hasta el año de 1932 cuando los pacientes panameños fueron trasladados al nuevo Hospital de Matías Hernández.

El Dr. Gorgas escogió el promontorio en la entrada del Canal donde se fundó en 1907 el hospital para leprosos de Palo Seco. Bajo la dirección del Dr. Ezra Hurwitz se mantuvo por muchos años un promedio de 100 pacientes, la mayoría panameños los cuales tambien pagaban $ 0.75 al día. El último médico encargado de esta institución fue el Dr. Guillermo Cedeño. El Hospital de Palo Seco cerró sus puertas en 1990.

Pero el gran aporte de la medicina norteamericana no fue con los edificios ni los aparatos que trajo a nuestro país sino su material humano. Brillantes médicos y enfermeras decidieron venir a trabajar a Panamá, no solo a combatir enfermedades infecciosas sino también a trabajar en otras áreas de medicina.

Mencionaremos unos pocos de la larga lista de estos distinguidos profesionales: El Dr. William Crawford Gorgas, futuro presidente de la Asociación Médica Americana, Cirujano en Jefe de las Fuerzas Armadas Norteamericanas en Europa durante la I Guerra Mundial y Profesor de Medicina de Oxford, la enfermera Marie Euguinie Hibbard, Miss Markham, Miss McGowan todo el equipo de enfermeras, el Doctor Henry Rose Carter uno de los principales protagonistas en la conquista de la fiebre amarilla en este continente, el Dr. A.B Herrick y el Dr. Raymond Runyan, famosos cirujanos que años más tarde serían unos de los fundadores del Hospital Panamá. El Dr. Samuel T. Darling Jefe de Laboratorios y descubridor de la histoplasmosis,

el Dr. D.H Dunn experto en la enfermedad de Chagas, los doctores Theodore Lyster y Dennis W. Reeder renombrados especialistas en otorrinolaringología, Dr. James Simmons considerado uno de los grandes expertos en malaria y eventual decano de la Escuela de Salud Publica de Harvard, el Dr. Elbert de Coursey futuro Jefe del Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas Norteamericanas y los doctores Lawrence Getz bacteriologo y patologo, el Dr. C.D.Briscoe internista estudioso de a las enfermedades del corazon y riñones, el Dr. Willam James medico general.

Estos profesionales generaron un clima intelectual y una disciplina en la práctica médica que elevo a un alto nivel de la calidad de medicina en el Istmo. En los artículos publicados en la revista de la “ Medical Association of the Isthmian Canal Zone” y en otras revistas científicas, vemos los niveles excelencia a que llegaron estos individuos y el estimulo que dieron a los médicos panameños.

El Dr. Herrick, Jefe de cirugia del Hospital de Ancón y fundador del Hospital Panamá, reporta en 1913 el número de procedimientos quirúrgicos llevados a cabo en Ancón en los años 1911 a 1913. El mayor número de casos quirúrgicos eran ortopédicos y segundo grupo en frecuencia eran casos relacionados a enfermedades venéreas. Si estimamos que el número promedio de empleados en esos años era de 50,000, vemos que el 10% de la fuerza laboral se incapacitaba cada año por un problema ortopédico.

El Dr. Herrick reporta en 1908 una de las primeras experiencias en la literatura médica con lo que ahora conocemos como despues de la cirugia abdominal como íleo paralítico. El Dr. Herrick describio la alta mortalidad producida por esta complicacion quirurgica y su facil manejo con un “tubo que succione los contenidos del estomago”. Su compañero de trabajo, el Dr. Raymond Runyon reporta 200 apendectomías hechas por él en 6 meses con una mortalidad de 0.5 %.

El Dr. C.C Brin reporta sobre 113 casos hechos por el en un año con la novedosa técnica quirúrgica llamada histerectomía vaginal.

Vemos también el reporte del Dr. W.L Middleton en 1912 sobre el parto de una mujer negra de cuatrillizos que pesaron 2 libras al nacer y de los cuales sobrevivió uno.

Nos llama mucho la atencion el reporte de una toracotomia para salvar la vida de un paciente con una puñalada al corazon.

El Dr. Herbert C. Clark reporta el resultado de 4806 autopsias llevadas a cabo entre 1904 a 1916. En estas cifras vemos la importancia de la tuberculosis y el trauma como causas de muerte. Solo 269 casos de muerte por cáncer ocurren en ese periodo y es interesante que el cáncer más común era el cáncer de estomago. El cáncer de colon y el de próstata ocupaban el 5to y 6to lugar, probablemente por la corta expectativa de vida en esos años.

Los panameños aportaron también a estas contribuciones científicas con excelentes publicaciones. Podemos ver un pequeño ejemplo de estas publicaciones en el reporte de 6229 casos de anestesia raquídea por el Dr. Augusto S. Boyd, el reporte del tratamiento del hipertiroidismo con tiroidectomía por el Dr. Joaquín J. Vallarino y los reportes quirúrgicos del Dr. Carlos Brin.

El ímpetu de esta fuerza continuó por muchos años llevado adelante por nuevos médicos y especialmente por los médicos que desde 1905 se entrenados en el Hospital de Ancón.

Ejemplos de logros alcanzados por panameños tenemos que mencionar la lucha contra la tuberculosis y otras enfermedades pulmonares del Dr. Amadeo Vicente Mastellari y los dos excelentes médicos que continuaron su labor, el Dr. Rodolfo Young y el Dr. José Filos Díaz. Las innovaciones en cardiología del Dr. Eduardo De Alba al utilizar por primera vez en Panamá un defibrilador y fundar la primera unidad coronaria, el difícil trabajo del Dr. Cedeño como Director de Palo Seco, las contribuciones del en gastroenterología del Dr. Juan Luis Correa y en oftalmología del Dr. Benjamin Boyd, la influencia en cirugía del Dr. Rogelio Arosemena, el trabajo preciso en patología de los Doctores Ferucchio Bértoli y Gil Sánchez. Me duele no poder continuar, pero es imposible mencionar a todos los que aprendieron, trabajaron y contribuyeron a ese gran sistema de salud, que ahora es solo historia.

INVESTIGACIÓN

Panamá desde el principio del siglo XX fue un centro importante de investigación de medicina tropical. Gracias a la idea del Dr. Belisario Porras de honrar la memoria de Gorgas con un centro de investigación, en 1921 propuso la creación de un instituto de investigación científico, el Laboratorio Conmemorativo Gorgas. Los Doctores Herbert C. Clark, como ya he mencionado patólogo del Hospital Gorgas y Director de Medicina Preventiva de la United Fruit Company fue su primer jefe. No cabe duda que Herbert C. Clark, Carl M. Johnson y Martin Young, atraídos por los triunfos alcanzados contra las enfermedades infecciosas en el área del canal, decidieron venir a Panamá y dedicar sus vidas liderizando investigaciones que fueron reconocidas a nivel mundial en malaria, fiebre amarilla, leishmaniasis, Chagas, arbovirología y en muchas otros campos de la medicina tropical.

CONCLUSION

Nadie cuestiona que uno de los más grandes avances de la medicina del siglo XX se dio en la Zona del Canal de Panamá al combinarse efectivamente los descubrimientos en ciencias básicas y epidemiología a la salud pública. Lo que se logró en Panama demostró al resto del mundo que se podia reducir la morbilidad y mortalidad humana dramaticamente con simples medidas de sanidad, algo que muy pocos tratamiento médicos modernas han podido igualar.

La historia de estos triunfos y la contribución de extranjeros y panameños que drenaron pantanos, dispersaron insecticidas, cuidaron enfermos e investigaron enfermedades, nos deben de llenar de orgullo y estimularnos a retornar al camino de excelencia en salud pública que estos individuos nos señalaron.

1 Comment

Filed under Historia de la Medicina

One response to “Medicina y el Canal de Panama

  1. Andre Champsaur, DDS

    Great abstract of Panamas medical history. Just want to add that history is an ongoing process and books on Panamas medical achievements are still being written. Particularly by medical pioneers from all areas of the world in colaboration with little recongnized panamanian physicians alive today. I was fortunate enough to work with some of them in rural and/or endemic areas of our country. Poorly acknowledged fields like dentistry have seen contributions from Dr. Rodrigo Eisenmann, Dr. Eduardo Guinard, and Dr. Juan J De Obarrio, three phisicians that have carried the torch on periodontal research guided by an american perspective and valiently defying the notion that Panama is not research motivated, a notion which Im not willing to accept. Globalization and the ever changing drug resistant microbes have become the new challenges in medicine, so it is our hope that an strong health system along with keen medical profesionals, can tackle the problem at hand and illustriously write the coming chapters in our history books. If one single colleague reads your abstract and becomes motivated my time here will be well spent. Thank you.

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