Historia de la Medicina en Panama

Reflexiones sobre la Historia de la Investigación Biomédica en Panamá.

Jorge A. Motta, MD, MPH
MACP

Tengo que agradecerle al Dr. Jose Rogelio Mendez por darme la oportunidad de compartir con ustedes algunas reflexiones sobre la historia de la investigación médica en Panamá.  Repasar esta historia se ha convertido para mi en un viaje que cada vez que repito encuentro nuevas cosas cada vez mas interesantes.

En primer lugar, debo de reconocer los riesgos de esta tarea debido a la poca información que tengo a mi disposición y también por la posible falta de objetividad que me puede haberme llevado a sobrevalorar a instituciones o individuos que aquí menciono y a ignorar otros.

He procurado no sólo dar una cronología de los hechos que pudieron propiciar la investigacion, sino también he tratado de describir las fuerzas que han impulsado la investigación médica en Panamá.

La investigación biomédica en Panamá nació en la primera mitad del siglo XX ayudada y dirigida por investigadores extranjeros, creció y se emancipo durante la segunda mitad del siglo XX por el sacrificio de dedicados investigadores nacionales y ahora aparenta empezar una etapa de madurez moldeada no solo por un creciente soporte del estado, sino también por ensayos clínicos sufragados por la industria farmacéutica transnacional y por otros tipos de estudios costeados diferentes tipos de intereses privados.

Los factores que propiciaron el nacimiento de la investigación en Panamá fueron su geografia, la cual atrajo a miles de viajeros y su ecologia la cual proporciono condiciones ideales para el desarrollo de enfermedades transmisibles.

El Istmo de Panamá, puente entre continentes, formado hace unos 3 millones de años, permitió el paso a especies de Norte y Sur América sino también a miles de personas que trajeron y encontraron aquí enfermedades infecciosas malignas.  Estas enfermedades se erigieron como grandes obstáculos en el desarrollo de proyectos de importancia económica, geopolítica y militar de España, Francia y de los Estados Unidos de Norte América.  Fueron los intereses y no la filantropia de estas dos ultimas naciones los que hicieron posible no solo el desarrollo de la medicina y salud publica en Panama sino tambien el nacimiento de la investigacion biomedica.

Podríamos empezar esta revisión remontándonos a las descripciones de Gonzalo Fernández de Oviedo sobre la muerte de cientos de miles de indígenas causadas por viruela, o a los reportes de López de Velasco de plagas que causaban gran numero de muertes entre marinos y comerciantes al llegar la flota española al puerto de Nombre de Dios. ,

Los primeros estudios biologicos con aplicación biomedica probablemente comenzaron en Panamá en el siglo XVIII durante las expediciones de naturalistas que visitaron el Istmo y estudiaron plantas con posible aplicaciones medicas.

Entre los ilustres naturalistas de Nueva Granada de esa época, encontramos a dos médicos: José Celestino Mutis, una de las grandes figuras en la historia de Colombia y el panameño José Sebastián López Ruiz.  Ambos,  investigaron productos naturales de importancia biomedica y evaluaron en diferentes variedades de árboles de quina, las concentraciones del alcaloide curativo.

Desafortunadamente, por muchos años, estos dos pioneros de la ciencia en nuestra region, sostuvieron una amarga disputa sobre quien habia sido el primero en identificar la presencia del árbol de quina en la region de Santa Fe de Bogotá.

El ingles William D. Weatherhead fue uno de los primeros medicos en el siglo XIX en describir el pobre estado de la medicina y las enfermedades que afectaban a los habitantes de la Ciudad de Panamá. Weatherhead hizo estas observaciones durante su estadía en Panamá después de su captura por tropas españolas tras las derrota de los piratas ingleses en su último de tomar a Portobelo en 1821.

En 1840, una epidemia de viruela con efectos catastroficos en la población panameña fue pobremente documentado por los medicos del Istmo y confirmo el pobre estado de la medicina en Panama.

Otra epidemia de devastadora la produjo primera pandemia de colera que ataco a los habitantes del Itsmo por primera vez entre 1848 y 1849. El colera arribo al puerto de Colon rapidamente se extendio a Colombia y al resto de Panama, matando a miles de personas en su camino.

El doctor Domingo Arosemena, médico panameño, probablemente atendio el primer caso diagnosticado como colera en Panama un 3 de enero de 1849.  El Dr. Arosemana presento al Congreso de Nueva Granada un analisis de esta epidemia donde el concluyo que el colera habia legado a Panama procedente de Nueva Orleans y preciso que fue abordo del conocido vapor Falcon.  Basandose en sus hallazgos el Dr. Arosemena pidio al Congreso la instauracion de una cuarentena y tambien pidio el rechazo de la propuesta inglesa de abolir las cuarentenas concluyendo que esta propuesta  “ha provenido más bien de sus necesidades mercantiles que del principio filantrópico que se proclama”

El articulo del Dr. J.P. Leonard que aparecio en mayo de 1849 en el Boston Medical and Surgical Journal suguiere tambien la intruduccion desde Nueva Orleans a Panama y describe la mortalidad producida por esta epidemia algo que tambien el futuro Presidente de los Estados Unidos el General (en ese tiempo mayor ) Ulyses S. Grant.

Otros médicos que viajaron a través de Panamá o que trabajaron para la Compañía del Ferrocarril de Panamá escribieron artículos en revistas médicas como el Boston Medical and Surgical Journal y el Journal of the American Medical Association sobre las fiebres y enfermedades entéricas por las cuales hacian a Panama un lugar temido de visitar.

Los franceses, preparándose para la construcción de su canal, produjeron estudios de buena calidad sobre lo que en ese tiempo ellos percibían como riesgos y necesidades médicas de su futura fuerza laboral.  Una vez que la obra se puso en marcha también se produjeron excelentes informes epidemiológicos de las enfermedades que afectaron a sus trabajadores. ,

A finales del siglo XIX en la ciudad de Panamá habían alrededor de 24,000 habitantes y 22 médicos registrados.  Aunque pocos en número, Panamá tenia buenos médicos como Ciro Urriola, Manuel Coroalles, José Calvo y Manuel Amador Guerrero, quién en 1903 sería el primer Presidente de la República, pero ningún investigador que haya dejado evidencia de su trabajo.

En resumen, la escasa investigación biomédica realizada en el Istmo durante el siglo XIX  fue casi en su totalidad hecha por extranjeros y enfocada a las enfermedades infecciosas. Si no hubiera sido por el descubrimiento del oro en California, la construcción del  ferrocarril transcontinental o los trabajos asociados con el proyecto del Canal francés, posiblemente no hubiera existido investigación biomédica en Panamá durante el siglo XIX.

La construcción del Canal de Panamá atrajo un elenco de excelentes médicos y científicos que convirtieron al Istmo en el epicentro de la investigación de la Medicina Tropical de los Estados Unidos de América. Debido a esto, los intereses de estos investigadores y de las autoridades sanitarias del nuevo canal dominaron, durante la primera mitad del siglo XX, el enfoque y la producción de investigación biomédica hecha en Panamá.

La llegada al Istmo del Dr. William C. Gorgas y sus colegas en 1904 marcó el verdadero comienzo de la investigación médica en Panamá. Entre sus asociados de trabajo podemos resaltar científicos ilustres como Samuel T. Darling, uno de los mas grandes investigadores de Medicina Tropical del siglo XX; Henry Rose Carter, descubridor del período de incubación extrínseco de la fiebre amarilla; George H. Whipple, patólogo y ganador del Premio Nobel en 1934 por su trabajo sobre la vitamina B12; Arthur I. Kendall, bacteriólogo de gran renombre, futuro profesor y decano de la Escuela de Medicina de la Universidad de Northwestern, quien desarrolló por primera vez un medio de cultivo para células de cáncer; James Zetek, distinguido entomólogo, primer director del centro de investigación del Smithsonian en Panamá; Herbert C. Clark, patólogo, primer director del Laboratorio Conmemorativo Gorgas y muchos otros que con sus investigaciones hicieron posible la construcción del Canal de Panamá.

Los médicos de la joven nación dieron un paso audaz con el apoyo del primer presidente de Panamá, el Dr. Manuel Amador Guerrero y del Dr. William C. Gorgas, al atreverse celebrar en Panamá en 1906 el IV Congreso Médico Panamericano. Durante este congreso se hizo evidente la poca capacidad de investigación del país al ocurrir que de 86 ponencias presentadas sólo una fue de un panameño.  El Dr. Pedro de Obarrio presentó un trabajo sobre complicaciones relacionadas a la cirugía de cataratas.

En los años siguiente, algunos médicos panameños, como Augusto S. Boyd, Carlos Brin y J.J. Vallarino, se unieron a sus homólogos estadounidenses al reportar los resultado de sus investigaciones en la primera revista médica publicada en Panamá llamada Proceedings of the Canal Zone Medical Association la cual logró su primera edición en 1908.  Sin embargo, de más de cien trabajos publicados en esta revista durante sus primeros 10 años de publicación, solo cinco fueron de autores panameños.

La mayoría de las investigaciones biomédicas en el primer cuarto del siglo XX emanaron de los Laboratorios de Salud del Hospital de Ancón y estos se centraron en investigaciones sobre enfermedades infecciosas, especialmente en estudios sobre malaria. Los otros lugares en Panamá donde existe evidencia que se realizó investigación biomédica, pero a una escala mucho menor, fue en el antiguo Hospital Santo Tomás, en el Hospital de la Punta que pertenecía al Departamento Médico de la United Fruit Company en Bocas del Toro y en la nueva clínica Herrick que mas tarde se convertiría en el Hospital Panamá.

Instituciones extranjeras efectuaron investigaciones en Panamá como lo fueron el trabajo con Helmintos de la Fundación Rockefeller entre 1914 y 1929, la expedición biológica del Smithsonian y los estudios herpetológicos del Museo de Zoología Comparada de la Universidad de Harvard.  Estas instituciones se sumaron a la explosión de investigación científica que tuvo lugar al comienzo del siglo XX en Panamá.

Uno de los investigadores más destacados que trabajó en Panamá durante ese período fue Samuel T. Darling. Sus aportaciones al campo de las enfermedades de los trópicos derivadas de sus investigaciones en Panamá fuero muchas y, por desgracia, no han sido bien reconocidos en nuestro país.

Una saga casi olvidada de la lucha contra las enfermedades infecciosas en el Istmo fue el aumento fenomenal de la malaria entre 1905 y 1906.  Esto ensombreció el rápido triunfo alcanzado sobre la fiebre amarilla y amenazo de manera significativa la salud de los trabajadores que empezaban a construir el nuevo canal.

Ese año, ocho de cada diez trabajadores fueron afectados por la malaria y el ausentismo resultante se convirtió en una pesadilla para el Dr. Gorgas. Las estrategia utilizada para el control de Stegomydia no funcionó con la misma eficacia cuando se aplicó contra el Anofeles. Gorgas rediseñó su estrategia de control de vectores y para eso requirió de nuevos conocimientos. Los experimentos de Darling, quien identificó al Anofeles albimanus como el más eficiente transmisor de malaria en Panamá, fueron clave en el triunfo de esta nueva estrategia.

Otra de las grandes contribuciones de Darling a la medicina fue su descubrimiento de la histoplasmosis durante una de sus más de 15,000 autopsias hechas en los Laboratorios de Salud en Ancón.

El Dr. Darling, como la mayoría de los investigadores que trabajaron en Panamá durante la época de la construcción del canal, fueron impulsados por la atracción a la investigación científica, por la satisfacción producida al descubrir nuevos conocimientos, y también por el reconocimiento profesional de sus pares.

Las razones que impulsaron la inversión de EE.UU. en salud en Panamá fueron razones económicas, geopolíticas y militares. Charles E. Magoon, entonces Gobernador de la Zona del Canal, documentó estas razones claramente en 1905 en su informe anual al Senado de EE.UU. Afortunadamente, Panamá se benefició enórmemente de la investigación y las intervenciones sanitarias que aquí se llevaron a cabo, convirtiéndose estas en uno de los legados más positivos y duraderos de la presencia norteamericana en Panamá.

En 1928 el compromiso del poder ejecutivo de Panamá con la investigación biomédica se hizo realidad con la creación del Laboratorio Conmemorativo Gorgas. Pero este compromiso expresado claramente por primera vez en 1920 por el Presidente Belisario Porras, se desvaneció con las siguientes administraciones, dejando al Laboratorio Conmemorativo Gorgas, con su personal científico extranjero apoyada financieramente solamente por los EE.UU., como la única institución dedicada a la investigación biomédica en Panamá.

En el Instituto Conmemorativo Gorgas albergó a distinguidos investigadores extranjeros, como Carl Johnson, Graham Fairchild y Harold Trapido, quienes trabajaron como investigadores por años, mientras que otros como los Taliaferros de la Universidad de Chicago, Hegner de Johns Hopkins, Faust de Tulane, Barbour del Museo de Zoología Comparada y muchos más llegaron en varias ocasiones por mas cortos períodos de tiempo.

Durante esos años, el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales comenzó su espectacular crecimiento que eventualmente lo convertiría en el principal instituto de investigación de biología tropical en el mundo. Sin embargo, es importante destacar que esta organización de investigación, como el Laboratorio Gorgas, fueron generosamente acogidos por Panamá donde se les facilitó desarrollar sus investigaciones en diferentes campos.

Por más de 25 años, el Gorgas, una institución Norteamericana, creció como un gran árbol, solo en una sabana panameña produciendo la mejor y la mayor parte de la investigación biomédica de este país. El apoyo dado al Gorgas contrasta con la carencia de apoyo a la investigación en el Hospital Santo Tomás, institución que por su proximidad al Laboratorio Gorgas, debería de haberse constituido en  el líder del desarrollo de la capacidad de investigación biomédica de Panamá. Aun así y sin apoyo, algunos médicos del nuevo Hospital Santo Tomás hicieron investigación clínica basándose en su casuística y fundaron nuevas revistas donde publicaron sus resultados.

La primera revista médica panameña probablemente fue el Boletín Sanitario fundado en 1934.  Esta fue seguida en 1938 por el Boletín de la Asociación Médica Nacional de la República de Panamá y más tarde por los Archivos del Hospital Santo Tomás.  Todas estas publicaciones duraron pocos años o cambiaron de nombre.  Científicos panameños, como Galindo y Rodaniche, al igual a médicos como Calero, Herrera, Lavergne y Rognoni, por mencionar solo algunos, sacaron tiempo de su trabajo hospitalario y publicaron activamente en estas revistas.

En la segunda mitad del siglo XX se fundó la Escuela de Medicina de la Universidad de Panamá. Esto marcó el comienzo del crecimiento progresivo y el eventual dominio de la investigación biomédica en Panamá por panameños.

Algunos de los graduados de los departamentos de ciencias y de la escuela de medicina de la Universidad de Panamá, continuaron estudios avanzados en el extranjero, fueron expuestos a la investigación y al regresar a Panamá siguieron trabajando en investigación. Científicos como Adames, Calzada, Gupta, Gracia, Kourani, Méndez, Obaldía, Ortega, Pascale, Quiroz, Rodriguez-French, Sánchez, Saldaña y Sáenz-Llorens, para mencionar sólo algunos, se convirtieron en los nuevos árboles que dieron las semillas de donde ahora empieza a surgir un bosque de investigadores.

También en la segunda mitad del Siglo XX, los centros de investigación como el Laboratorio Conmemorativo Gorgas y el Middle America Research Unit (MARU), mantuvieron por un tiempo excelente producción científica y excelente cuerpo de investigadores, pero en 1973 el Instituto Nacional de Salud Pública de los Estados Unidos de Norteamérica decidió cerrar el MARU y el Laboratorio Conmemorativo Gorgas declinó en su capacidad productiva y entró en crisis al pasar a manos del MINSA el 13 de diciembre de 1990.

Al mismo tiempo que se daban estos cambios en el Gorgas y el MARU, empezaba a surgir la investigación biomédica en lugares como el INDICASAT, el Hospital Santo Tomás y el Hospital del Niño y en algunos departamentos de la Universidad de Panamá.

Un signo claro de interés de fortalecer la ciencia y la investigación en medicina en Panamá fue la fundación en 1975 de la Asociación para el Avance de la Ciencia (APANAC) y también el inicio de nuevas revistas institucionales y de sociedades médicas y técnicas. En 1999 se sentaron las bases del Comité Nacional de Bioética (CNBI) y en 2001 se dieron las primeras aprobaciones de protocolos de investigación.

Pero al analizar el aumento del número de revistas académicas y científicas desde 1950, también es evidente el número de revistas que fallaron y la constante lucha de las otras por su supervivencia. En los últimos 84 años aproximadamente el 25% de todas las revistas científicas y técnicas que se han publicado en este país han durado un año y el 50% duraron 5 años.  Estas fallas pudieran estar relacionadas a una falta de apoyo sostenido por médicos, científicos, sociedades médicas, instituciones académicas o del gobierno para estos vehículos de la ciencia. En la actualidad, basándonos en una encuesta recién realizada por la Biblioteca Nacional de revistas impresas hasta el año 2008, podemos estimar que en Panamá hay un total de 10 revistas activas sobre temas de médicos y de ciencia y tecnología.

Al finalizar el siglo XX, la investigación biomédica en Panamá abarcaba desde investigación básica, como era la búsqueda en los bosques y los océanos de compuestos biológicamente activos con miras a encontrarles aplicaciones biomédicas, a la investigación aplicada, como lo eran los ensayos preclínicos y clínicos de medicamentos y vacunas.

Los actores principales como investigadores privados y organizaciones de investigación clínica dominaban el campo de ensayos clínicos de drogas y vacunas.  En las instituciones académicas, se concedían maestrías en ciencias, que hasta hoy tienen como requisito terminar un proyecto de investigación, pero la dedicación a tiempo completo a la investigación de parte de los profesores era muy infrecuente.

Las instituciones gubernamentales involucradas en investigación médica en ese momento eran el Instituto Conmemorativo Gorgas, dedicado a investigaciones en salud pública y estudios preclínicos de drogas y vacunas en primates, el INDICASAT, enfocado mayormente en estudios básicos y preclínicos, la Universidad de Panamá y algunos hospitales públicos.

Solo para la primera década de este siglo contamos con una historia de indicadores fiables de la inversión dedicada a investigación y desarrollo en Panamá.  Antes de esto, solo se sabe que el presupuesto del Gorgas en sus últimos años durante la administración Norteamericana era de 1.5 millones de dólares para funcionamiento pero esto no incluía el dinero recibido para proyectos de investigación.

En los últimos 10 años se ha estimado que en Panamá ha habido un gasto promedio de 43 millones de Balboas por año y desarrollo dedicados a investigación con una tendencia ascendente.  Actualmente no es posible estimar con precisión la historia de las aportaciones financieras del sector privado y compararla con las aportaciones publicas pero si utilizamos como indicador el número de protocolos públicos y privados aprobados por el CNBI, podemos sospechar el predominio el financiamiento privado sobre el publico para la investigación.  Las cifras del CNBI no toman en cuenta los sueldos y otros gastos incurridos por el gobierno en algunas de las instituciones donde se lleva a cabo investigación, lo que pudiera alterar estas sospechas.

Al mirar hacía el futuro, siento incertidumbre sobre el compromiso político por parte de nuestras más altas autoridades para la investigación biomédica debido a que no estoy seguro si valoran la investigación con algo de la intensidad que valoran otros proyectos.

Existe buena protección y garantías para las personas que participan en los protocolos de investigación, y la percepción en la comunidad sobre la investigación biomédica y sobre los investigadores es buena.

La rectoría de la investigación pública debe ser reexaminada, y hacerse efectiva su funcionalidad. Se han establecido las prioridades de investigación en biomedicina que es financiada por el estado, pero estas aparentan tener vida solo en papel, ya que se les presta poca atención en la práctica. Los procedimientos administrativos de nuestra administración pública son frecuentemente graves obstáculos para el desarrollo de la investigación.

La calidad y cantidad de recursos humanos dedicados a la investigación es limitada, pero si han habido adelantos en la infraestructura dedicada a la investigación.

El financiamiento por el Estado ha aumentado en los últimos años y esto ha hecho posible que se lleven a cabo varios grandes y costosos estudios epidemiológicos.  Aunque el financiamiento privado no ha sido precisamente cuantificado, este es probablemente significativo y llegará a ser una fuerza dominante en la investigación biomédica nacional.

En la esfera estatal, el enfoque de las investigaciones generalmente lo se define por el interés de los investigadores y muy pocas veces por encargo de las autoridades sanitarias. Los resultados de  investigaciones financiadas por fondos públicos rara vez son utilizadas por el sistema de salud y la investigación sobre sistemas de salud, específicamente investigaciones sobre la aplicación y el impacto de las intervenciones sanitarias está en su infancia.

Finalmente, creo que la articulación de las instituciones nacionales de investigación es deficiente pero algunas asociaciones o redes locales de investigadores comienzan a tomar forma.  Las colaboraciones de investigadores e instituciones de investigación nacionales con  organizaciones internacionales y universidades extranjeras son buena pero necesita más desarrollo.

En cierre, quiero pensar que acabo de relatar solo el final del principio. En el último siglo se sentaron las bases, perdimos oportunidades, pero el trabajo y dedicación de médicos y científicos panameños, algunos presentes aquí, con carencia de apoyo financiero y político, le dieron vida e hicieron progresar la investigación biomédica en Panamá.

Todavía tenemos enormes obstáculos, pero al ver el grupo de investigadores, veo que la lejana y magnífica herencia de investigación que tenemos en este país y el legado de los investigadores nacionales ha abierto la trocha y fertilizado el campo, no dudo  que llegaremos a producir y utilizar frutos de la investigación biomédica nacional que preservarán y mejorarán la salud de nuestros ciudadanos.

One response to “Historia de la Medicina en Panama

  1. “Al mirar hacía el futuro, siento incertidumbre sobre el compromiso político por parte de nuestras más altas autoridades para la investigación biomédica debido a que no estoy seguro si valoran la investigación con algo de la intensidad que valoran otros proyectos.” -Dr. Jorge Motta. El futuro de la Salud Panameña dependerá de la cooperación en Investigación de médicos panameños y extranjeros. La historia se repite cíclicamente como vemos en este ensayo. Primero fué el dietilenglicol. Ahora la “Bacteria”. Mañana que será. Necesitamos más Investigación para poder sobrevivir en el Futuro.

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